viernes 25 de abril de 2008

El estrés de cada día

Llego al Centro Fundación Telefónica un día antes de la inauguración. Todos los artistas están congregados allí. Están dando los últimos toques a sus ya culminadas obras. Me encuentro en la entrada con un gran tubo de plástico transparente que alberga en su interior una colorida confusión de cables y microchips que me hacen recordar a cuando un técnico abrió el CPU de mi computadora.


Me detengo unos segundos contemplando ese laberinto electrónico y me dispongo a entrar. La bienvenida me la da un robot verde y chato. Es un tacho de basura, esos que han tomado Lima por asalto, posicionándose en cada esquina posible. Este robot -asegura la descripción- es capaz de perseguir al portador de cualquier tipo de desperdicio reciclable hasta lograr que éste cumpla con el bienestar ecológico de la ciudad: poner la basura en su lugar. Lamentablemente –y para suerte mía- el R2D2 color policía está desenchufado y es, por ahora, inofensivo.


Unos pasos más adelante me encuentro con tal cantidad de circuitos, motores, cables y chips de procesamiento de señales que mi mareo inicial pudo sin problemas convertirse en desmayo si no fuera por una cara conocida en medio de esa neblina electrónica: Gonzalo Cucho, estudiante de Ingeniería Electrónica de la PUCP, está apoyando a la construcción del “Stressómetro”, aparato eléctrico que mide, la cantidad de estrés del habitante de Lima.





Luego de cruzar unas palabras, Cucho me lleva con Clara Huárniz, diseñadora industrial e ideóloga de esta pieza. Al confesarle mi curiosidad, ignorancia y pánico al ver tantos cables sueltos y revueltos; Clara decide explicarme el concepto detrás de obra.


Se trata de un sensor instalado en el cruce de las avenidas Larco y Benavides, que capta en video el nivel de estrés de las personas que transcurren por ahí. “Cuando sales de tu casa te enfrentas a una realidad que usualmente invade tu espacio privado. Cuando caminas por la calle, esa violación se convierte en una carga emocional negativa: es el estrés. ¿A cuánto llegan los niveles de estrés cuando una persona espera largo rato parada en la esquina esperando por su carro? Eso queremos medir con el Stressómetro”


La torre de plástico transparente que está en la entrada al Centro es el que mide, de acuerdo a colores, los niveles de estrés de las personas.

-Entonces tu obra está más relacionada con un rollo social –pregunto.


-Sí, claro. La relación entre el individuo y el espacio en el que se desenvuelve. Los niveles de estrés en una persona no sólo afectan su lado emocional o psicológico, sino también el físico e incluso pueden alterar sus relaciones sociales.


Dejo tranquilos a Clara y Cucho. Prometo regresar una vez que la muestra esté inaugurada, y medir mis niveles de estrés al esperar mi combi en la esquina de dos de las calles más transitadas de la ciudad.




Arte fuera del recipiente


El pasado miércoles 26 de marzo se inauguró en el Centro Fundación Telefónica la muestra de arte electrónico “Automático Versátil”, como parte de la exposición Blip! Robótica de Reciclaje.


“Dentro del arte y la tecnología existe un campo vinculado al uso de aparatos simples y hasta en desuso, que busca desarrollar nuevos aparatos de índole artística y social”[1] dice en el folleto que me entregan al entrar al local. Y ese párrafo quizá sea el que mejor resuma la trama de una obra de arte que parte de lo obsoleto –de ahí el nombre: robótica de reciclaje- para inventar nuevos medios en los cuales reproducir la expresión artística pensada.


Desde artefactos comunes –y antiguos, claro- como planchas, focos, balanzas de peso, ruedas de bicicletas, parlantes, televisores, radios y hasta controles remoto, cámaras fotográficas analógicas y mandos de supernintendo; toda la tecnología “reciclable” posible es usada en esta muestra que tiene su gran paradigma en Emilio Paruro -protagonista y user del blog creado especialmente para que los artistas intercambien información e ideas entre sí- clara alusión a la calle en donde seguramente encontraron la mayoría de materiales para llevar a cabo su obra.


En el mismo folleto mencionan el término “diseño crítico”, acuñado por artistas europeos que son una clara referencia a lo que se trabaja hoy: usaban artefactos comunes con el fin de criticar la cultura del consumo[2]. En Blip!, la finalidad de usar objetos antiguos no solo es una crítica al consumo, sino que también se extiende al sistema capitalista, al sistema estatal, e incluso una crítica social sobre el imaginario de las personas que vivimos en Lima.


Para participar en la muestra con un diseño propio los requerimientos eran mínimos.

“El artista tiene toda la libertad para idear, no se especifica material. Se puede presentar un dibujo, un graffiti, una escultura, o cualquier otro medio (…) lo único que se exige es un concepto”, afirma Enrique Mayorga, Ingeniero de la PUCP, y quien junto con Jorge Villacorta, son los encargados de la curadoría de la muestra. De hecho, la mecánica fue amplia: desde arte sonoro y videoarte, hasta muestras interactivas o arte plástico; la principal preocupación era la razón de ser de cada objeto. Y de su crítica inherente.


Otra cosa que llama poderosamente mi atención es la estrecha relación –en algunos casos- entre el ingeniero –encargado de la parte “robótica” de la obra- y el artista. Siempre trabajando juntos, aportando ideas, cambiando mejorando –o empeorando- la obra de arte. Surgen dos preguntas sobre qué podría suceder si los artistas fuesen más autónomos y no dependieran del conocimiento ingenieril para llevar a cabo sus ideas –me refiero específicamente al arte electrónico, o arte con nuevos medios- ¿serían capaces de alcanzar una independencia mayor, al no estar limitados por sus conocimientos en programación?. La segunda pregunta es aún más interesante: ¿Y si los ingenieros decidieran hacer arte?



[1] También en la página web de la muestra: http://centro.fundaciontelefonica.org.pe/blip.html

[2] http://centro.fundaciontelefonica.org.pe/blip.html